Todo lo bueno…

Se acaba. Y mi rehab, toca a su fin el miércoles temprano, con lo que mañana – o debería decir hoy, ya que me hallo en medio de otra noche insomne? – es mi último día aquí.

Esto del insomnio es muy curioso. No puedo culpar a la alergia de él, ni de mis hambrunas nocturnas, las que sumadas a un nerviosismo que ni sé de dónde viene – no creo que sea responsable la pobre HBR, la verdad, porque las business strategies siempre fueron muy challenging, pero de ahí a no pegar ojo(…) – pero con culpable o sin él, el caso es que aquí estoy, dándole vueltas a la cabeza.

Hoy me ha llamado mi primo Artemio, desde Düsseldorf con amor. Para comunicarme que los de Aragoneses por el Mundo iban a contactar conmigo, porque se dirigen a Suecia.

– Cómo le gusta aparentar…
{apostilla mi madre}

A mí, la verdad es que me da un poco igual. Esto es como lo de los Príncipes, si a alguien le hace ilusión, pues felicidades. Lo que es a mí, más gracia me habría hecho recibir una llamada de doña Asa Granqvist, doña Brita Berglund, los de Google o cualquiera que pueda darme un trabajillo con el que pagar mis bills. Además, no me van a dejar mostrar el verdadero Estocolmo, ni la auténtica Suecia, la de la doble cara, la sobria en el trabajo y borracha en parques bajo el sol del fin de semana; la que integra a sus inmigrantes pero no les alquila piso ni a la de tres; la de los sistemas sociales y la elusión tributaria a partes iguales; la viajante empedernida, pero de vacaciones en vuelo chárter que comienzan borracho sobre las nubes. Ni mejor ni peor que España, simplemente diferente.

No verán los ojos de los aragoneses que en casa se quedaron, a sufrir la huelga de transporte y los agujeros de los que la Expo llenará, antes o después, sus bolsillos – muy bonita la Ribera, pero dónde está la industria que generará cash-flows con los que pagarlo todo en un futuro no muy lejano? – poco más allá del Vasa, Sergels Torg, la calle más estrecha de Gamla Stan y algún garito hype del SoFo.

Porque la televisión, como las novelas, la mayoría de las veces se limita a contar lo que queremos oir, en lugar de lo que deberíamos.

Después, he estado – como de costumbre – pidiendo trabajo. Y he descubierto, con gran sorpresa que soy consultor vocacional. Por muy demonizada que esté la profesión, algunos nacimos para ella. Tanto me ha gustado la descripción de Strategy Consultant para Accenture, que me veía allí, pasado mañana, salvando a corporaciones de la quiebra, víctima del Jet-Lag, cabalgando sobre tacones de acero… Que he llamado a doña Brita Berglund para comunicárselo. Doña Brita, muy maja, me ha chafado la ilusión – no del todo, pero al menos, un poco – con el típico:

– Y tu sueco, cómo va?

Jodida. Le acabas de decir al emperador, que en efecto, va desnudo. Pues saliéndome por peteneras, apoyándome en mi larga residencia en el país, educación probada y propósitos varios, he intentado convencerla de que no voy mal, sino bastante bien y mejorando, día a día, gracias.

Enrique, mientras tanto, andaba como un loco montando los muebles del iKea, que hoy han desembarcado en nuestra humilde, hype y soleada morada. He mencionado que tengo balcón? Pues sí! Uno pequeño, pero luminoso. Otro sueño que sumar a poseer un sofá, una bañera, una cama con somier – en lugar de tabla con agujeros – y una cocina. Pequeños para los standards españoles, pero maravillosos para los strandards Claudia – muy down-to-earth after 2 years in the corridor.

Supongo que ha sido un día genial – además de soleado – para mi pequeño Rodrigosson. Montar muebles en tu nueva y limpia casa siempre compensará el haber tenido que desinfectar el día anterior un corridor tan cutre en el que por no haber, no hay ni cubo para la fregona porque algún cerdo francés lo habrá robado – Mira que dan asco, al menos, aquéllos con los que me ha tocado compartir cocina durante este año.

No sé cómo de bien lo habrá pasado, pero el contemplar el resultado acompañada de mamá via web-cam ha sido un momento maravilloso y acojonante a la vez. Un futuro que se asienta cada vez más, en Estocolmo, que parece brillante, lleno de oportunidades, de esperanzas pero que también supone el alejarme irremediablemente de mi madre. Y ella, por madura que fuera desde siempre, nunca tuvo que enfrentar esto con la suya – al menos, hasta el último momento.

Mi particular Reina Carmia, de Ebrania.

La pena es no tener fotos de mi abuela Juana que, ironías de la vida, era francesa.
Porque la historia de mi familia, por ese lado, también tiene tela. Refugiados, muertes, viajes entre France y Euskalherría – o como se escriba – bastardos y muchas mujeres al mando de todo. Que las rojas, solicas, siempre se apañaron muy bien. Pero el caso es que, el domingo la pasamos a ver a su nueva residencia, con una pared de granito y cinco de cemento, algo más solitaria, pero mucho más pacífica que cerca de mi queridísimo progenitor – ya ves Juanita, hasta la paz tiene un precio. Me hubiera gustado conocerla más. Traerlas a las dos a Estocolmo y disfrutar de las experiencias de alguien, a quien, por lo que veo, me parezco bastante. Será consecuencia de ser inmigrante.

El tic-tac del reloj, siempre pone fin a mis ensoñaciones, reflexiones y neurosis varias y hoy, no iba a ser una excepción, aunque fuera para marcar la alegre hora de la indulgencia, la hora de visitar a Inés.

Inés aka Lavinia es la mejor esteticista del mundo. Como le digo siempre, entra un ogro y sale un cisne de la belleza. Te da conversación, te cuenta sus historias jipis de excursiones y misticismos variados, te escucha y te deja hecha una artista, todo ello sin perder la sonrisa. Una amiga, más que un servicio, a la que llevo recurriendo sin queja desde hace más de 7 años. El rato que he pasado con ella, me ha desconectado de mi nube de neurosis, como siempre.

Lo mismo ha pasado al leer el mail de Leti, que al final, se decide a venir a Estocolmo 😀
Mi business woman, de visita. Qué circo podemos montar. A ver cómo la convenzo de que deje los sky-rocketing heels @ home, que no casan bien con las gravillas que rodean Lappis.

Y Blanca, también vuelve de su business stressed life aka cuatro días en París, el finde el Amsterdam a la de estudiante de alemán, para conseguir un puesto en el que retirarse en la EPO. Soñar no cuesta dinero, pero si conseguimos hacer realidad nuestra visión de la isla Blanca… Te levanto yo misma hasta que le quites las gafas a Roger.

De ahí, de vuelta a mi realidad. Cómo probar expertise en lo que no la tengo, pero adoro imaginarme haciendo? Resolver casos centrados en los errores de Management en Fantoba y el Professorssn de Lappis? Parece una locura, quizás no lo sea tanto. Si los diseñadores prueban sus habilidades con un portfolio, porqué no puedo hacerlo yo con algo parecido?

En fin, veremos qué pasa mañana.
Me largo a comer techo, porque creo que dormir, va a estar complicado.

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