Long Term Evolución

Nunca mejor dicho.

Se acerca el 18 de Agosto y con él, el segundo aniversario de mi aterrizaje oficial en Estocolmo. Con mi vida en una maleta, la cabeza llena de miedos y el corazón de nostalgia, agarrada a un marco y sin entender ni papa en el supermercado.

Será que soy muy sucia, será que siempre te dejas algo en las limpiezas generales o que es cosa de los estantes, esto de llenarse de polvo. Pero al descubrirlo enterrado entre mis pertenencias, mientras desalojaba la habitación he pensado y mucho. En lo que queda de aquella Claudia de la foto, en lo que hemos cambiado todos desde aquel momento y en que, irónicamente, uno en cada esquina del mapa, seguimos, de alguna manera… Juntos.

Y ahora mi vida está metida en bolsas de iKea, que esperan el momento en el que decida dónde re-colocarla en mi nuevo agujero – uno mucho más soleado, moderno y alegre, con una galería en la que pega el sol, donde escribo, desayuno y bebo café en ropa interior, como todos mis vecinos, donde hay bañera y lámparas de Kartell – aunque no tenga con qué pagarlas… Todavía.


Pero esto, puede que cambie pronto, porque ayer conocí a Rutiger.

{Ahora resulta que Zaragoza cae por debajo del Ecuador, hay que joderse.}

Y creedme, Rutiger también conoció a Claudia – demasiado, en mi opinión.
Porque en hora y media hablando de mí, como persona, de mí como profesional, de mí como jefa, como trabajadora y como inmigrante en Suecia… Da para mucho, incluso para alguien a quien le gusta tanto hablar de sí misma y que se tiene tan extremadamente psicoanalizada.

Qué han estudiado los HR para hacer preguntas tan raras?

Ni lo sé, ni me preocupa demasiado, porque Rutiger o mi ángel de Manpower, me ha conseguido una entrevista con todos los jefes de Long Term Evolución a la vez – a que acojona eh? Que te manden el email con 5 contact persons, no confirmadas though, pero posibles overall… – que te observan cuidadosamente para posteriormente, decidir, entre ellos, con quién te vas al departamento. O bueno, si no tienes lo que hay que tener para unirse a la Ericsón Workforce, a donde te vas, es a la puta calle.

El viernes 27, a las 9 nos veremos las caras.
Poético, huh? Nací – mentira, me sacaron – en 27 del 9 a las 9. El 9 es mi número favorito, me quedé 9 en la promoción y millones de numerologías con las que podría aburrir a los suecos – que ya es decir – pero con las que no pienso continuar. I’ll do my best, let’s see what happens.

Quién me ha visto y quién me ve.

Antes no salía dos findes seguidos con nada repetido y ahora, ahora publico fotos reptiendo.

Pero bueno, qué más da en esta maldita ciudad donde el consumismo termina por arte de magia: te compres lo que te compres, créeme, siempre acabarás con mil capas, zapatillas, pitillos, el eterno pañuelo y un paraguas en el bolso. Gravillas por el suelo, barrillo everywhere y el maldito aire… El maldito aire que convierte – hasta para las suecos – a la bufanda y los guantes en el must del verano.

Ese verano de Stockólm, que mola mogollón. 15ºC al sol y un viento que te hielas, así de maja me toca ir a suplicar trabajo, sandalias en mano, victorias anti-lluvia y mil capas, para no morir en el frío.

En fin, al menos… Al menos me largo pronto a España.
Que es un GRAN premio de consolación. Un mes con las maridas, creando, que es lo que nos gusta.

Y hablando de largarse. Aquí mi marida, se larga a Viena en viaje relámpago a ver la semifinal. Pues sí, por mucho que siga sin gustarme el fútbol, continuaré con los dedos cruzados, a ver si la suerte de España cambia – y la mía, de paso, también.

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