Not bad, huh?

Dos días, dos soles, dos pastillas, dos noches reparadoras, dos viejas amigas, dos copas de vino.

Un amor platónico con el que conversar bajo un tic-tac cronomentrante, una mamá con la que llegar, al fin del mundo, un sol bajo el que ser feliz, una vida de la que sentirme orgullosa.

Muchas historias y reencuentros, caras conocidas que, aunque no lo creyeras, recuerdan tanto tu nombre como tu rostro. Por mucho que cambies, por tiempo que pase, sigues siendo alguien, sigues teniendo una vida, aquí.

No es la magia de la Navidad que, “con la que está cayendo” – más repetido que la hope del negrito – vende el CI de saldo, sino esa sensación de que el trabajo ni es tan malo ni importa tanto. Aquí hay un millón de cosas más por las que sonreir, como mamá, sonríe cuando vamos a ZARA; como yo, al encontrarme con suecos en Blanco y hablarles en su idioma, para que se sientan en casa; como mi seguridad laboral, mi independencia económica y mi libertad.

Sí, soy libre. Más que nunca. Así me siento cuando camino bajo este sol que es más valiente que su primo del norte, que no se esconde para la siesta ni teme agotar su calor sino que lo comparte y llena los corazones de los inconscientes que bajo él viven. Él guía mis pasos felices sin rumbo, con house en los tímpanos y flow algo más adentro.

No es raro que me pare, a tomar un snapshot mental en mi fiel Moleskine, para no olvidarme, de lo bien que se está en casa.

Feel like singing, that first broken heart anthem…

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