>Hope.

>

“I don’t deal with numbers, you do.”

Bo Kuritzén (aka the doctor who brought the hope back)

Decidí no rendirme. Decidí hacer caso a los foros y buscar un endocrino que escuchara mis síntomas, en lugar de actuar cual procesador…

$(“TSH”).analisis(‘valor’) <= min{

return $(“#Clau”).analisis(‘resultado’)= OK;

});


Supiera ver más allá e intentara atacar al problema.
La medicina privada es un recurso escaso en este país tan intrísecamente socialista. La medicina privada no está, ni tan siquiera, bien vista. La medicina privada, es la solución cuando la pública sólo se fía de cifras, carece de tiempo para escuchar y, a pesar de cobrarte 15€/visita, se permite frases como:
“Pero si tus análisis son correctos, ves? Si estuvieran fuera del rango, me saldrían en rojo en el ordenador!”

Una casa antigua en Birger Jarlsgatan, una de las calles con más renombre del barrio pijo por excelencia – Östermalm – muy cerca de Luntmakargatan (atención forofos de Millenium 😀 y para vosotros también, no hago más que encontrarme a Mikael Blomqvist por Söder: yendo con Vero de brunch, paseando con Enrique el sábado pasado… Siempre en chándal y muy relajado que va nuestro aguerrido periodista). Plagada de reproducciones de Picasso, revistas de melómano y artículos de opinión. Mientras los muros berreaban hombre cultivado, los altavoces que vomitaban Bach – esa tétrica melodía que siempre le ponen a Drácula? tiroriiiii tiroriroriroooo – me reconfortaban extrañamente, pues nuestra cocina solía resonar con tonos similares, mientras mamá preparaba la cena, mientras le contaba mis historias en el descanso entre estudiar y cenar, a última hora de la tarde.
Se abre la puerta. Y un hombre menudo pero algo rechonchillo, de facciones amables, de voz pausada, se disculpa por el retraso, mientras se dirige decidido a lavarse las manos. De pelo blanquecino y rizado, se dirige a mí, entre paciente y expectante. Escucha mis síntomas, lee mis auto-observaciones, contempla mis análisis, decide explorarme y finalmente, tratarme.
Rellenando la cantidad de análisis que quiere volver a hacerme, me comenta su plan:

“Si es lo que parece, sentirás mejoría rápidamente con este tratamiento. Si no, el propio tratamiento probará nuestro error y será el momento de probar con algo más. Estos niveles no son todavía alarmantes, pero están muy bajos, así que, actuemos. La medicación no es agresiva, ni peligrosa, no te dañará. Tú irás regulando tu dosis, porque sólo tú te conoces, sólo tú sabes si te vas encontrando mejor… O no.”
Sonrío. Con la cara, con el alma, con los ojos. Sonrío como no lo había hecho en estos meses. Porque se abre una ventana, porque aparece ese clavo ardiendo al que agarrarse, coger fuerzas y seguir luchando. Parece que sea el destino, justo a punto de marcharme a NY.
Ojalá ese viaje sea como el que tuvo mi ángel rubio. Ojalá me vaya rota y vuelva recompuesta. Ojalá llegue el día en que todo éste sufrimiento quede atrás, en que el no ser yo sea un mal sueño pasado, una pesadilla que olvidar.
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2 Respuestas a “>Hope.

  1. >Me alegro que hayas encontrado un pequeño "recuncho" de esparanza.Disfruta de NY, se lo merece, y tú MAS ! :)Pasalo muy bien y cuidate mucho 😀

  2. >No deberías buscar una enfermedad donde no la hay, sólo conseguirás que alguien vea que eres hipocondríaca y te acabe sacándo todo el dinero posible.Tu enfermedad está en tu cabeza.

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