Hellasgården



Just a 9km walk away from here: Hellasgården. Quite popular in wintertime, for skating, quite popular in summertime, for enjoying uteliv in general.
Llevo una semana, unos días, una temporada – qué se yo, rara. Estoy nerviosa, atontada, desconcentrada. Me muerdo las uñas, sin saber por qué. Supongo que será la Luna o los cambios en la oficina, que me afectan al subconsciente.
El lunes de la semana pasada, fui a sacarme sangre, para comprobar si el responsable de mi cansancio existencial era la dosis reducida de Levaxin. El majo de mi médico, no encuentra los malditos resultados en su inútil ordenador. Así que otra vez, a volver a sacarme sangre. Otra vez, a esperar otra semana. Otra vez, a morirme de asco con la incertidumbre del no saber por qué
No ayuda, cuando a llego a casa y me veo tan sola. Un día por una cosa, otro por otra. El caso es que termino sentada en silencio, con mis pescados a la parrilla, repasando lo que ha ocurrido e intentando centrarme en los momentos mejores, en los que disfruto de la uteliv y me siento feliz en mi realidad.
Lo siento, pero es verdad. Me gusta mi vida aquí. Con mis altibajos, como es normal. Pero sí, me gusta mi barrio, mi casa y mi trabajo – donde además de muchas posibilidades, hasta encuentro a gente que de verdad, entran ganas de abrazar. Quizás el clima sea lo más complicado, pero bueno, también te da la oportunidad de viajar – que como ya he dicho demasiadas veces – es mi auténtica pasión.
Por eso duele, cuando llego a casa y le doy vueltas a las quejas de los demás. Siempre hay quien no se acaba de encontrar, quien tampoco intenta integrarse, quien no para de mirar atrás. Para mí, es un error caer en el bucle melancólico, ya que el pasado no se volverá a materializar. En mis ojos, es engañarse a uno mismo, pues lo pasado, pasado está. Claro está que en los ojos de otros, yo soy la que lleva la venda, ya que niego mi auténtica infelicidad.
Cada vez que intento racionalizar mi percepción de soledad, llego a la conclusión de que en este desacuerdo radica tanta confusión mental. Como ya no tengo tanta presión en el curro, me da más tiempo a pensar en lo demás. Tristemente, eso mella en mi integridad. Porque a cada paso me taladra, la queja constante de quien “odia esta ciudad” pues en el fondo, soy la única responsable “de habernos arrastrado a este pozo inmundo” – también conocido como segunda economía con mayor potencial a nivel mundial, por detrás de Suiza y delante de Singapore.
Mi health coach me recomendó que escribiera todo lo que me hacía sufrir, justo antes de irme a acostar. Que lo dejara allí, me liberara de la carga mental y me dispusiera a descansar en paz. Sólo espero que funcione, sólo una vez más. Como decimos aquí, god natt!
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