Take me home.


Biblioteca pública en el metro de Tokyo.

Me encanta viajar. No se trata de ver monumentos, ni de comprar souvenirs, sino de patear sin rumbo, fijarme en detalles entre calles y sumergirme lo máximo posible en otra cultura. Todo ellos con el objetivo claro de descubrir sus reglas ocultas y reflexionar acerca de ellas. Lo diferente nos enseña tanto a cuestionar lo propio como a apreciar la esencia de aquello que, de verdad, merece la pena acarrear como parte de tí mismo.

Me gustan las personas diferentes. Creo que son la única forma de evolucionar hacia una felicidad adulta, con los pies en la tierra y la claridad mental del que diferencia lo superfluo de lo indispensable.

Pero nada viene gratis. Ayer, abandonamos el hotel a las 7:15AM – jp time. Corrimos por metros y pillamos el Narita Express de las 9. Cagada de no mirar la frecuencia y darte cuenta de que – oh my god – el tren llega al aeropuerto a las 9:58 y el check-in de tu vuelo, lo cierran a las 10:10.

10min de margen. Enrique corriendo con la maleta, el traje en la mano y la mochila de acampada llena de regalos. Yo intentándolo seguir a duras penas, con mi paragus transparente, el bolso y mi repleta maleta dorada. Me desequilibré escaleras arriba y no rodé, porque Dios no quiso.

Pero llegamos a tiempo, de que la azafata se volviera loca. Porque nuestro billete de vuelta (economy-super-cheap) era Narita-Viena-Arlanda. Nosotros ya habíamos hablado con Austrian. No es posible “reutilizar” el segundo tramo dos días mas tarde. Pero bajarse en Viena? Ningún problema. O al ,emos, eso nos dijeron los del customer service telefónico. Porque la azafata tenía otra opinión (a todo esto, eran las 10:30):
– Normalmente tendríais que pagar 12000€ por bajaros en Viena, pero hoy, os lo dejamos en 200€ y listo.

Pagar. Correr al control de seguridad. Que te cuelen por la entrada de personal de cabina. Correr al passport check. Correr al embarque. D26. El avión despega a las 11AM. Pasan las horas. Más deprisa que a la ida (flying West is always easier to handle) con mi iPad llenito de fotos (cortesía de mi queridísima mamá número 2) y mucho que contar a quien quiera leer.

12h más tarde, son las 15. Llueve en Viena. Rayos, truenos y centellas escoltan nuestro camino hacia los fabulosos apartamentos Vox donde nos quedamos. No sé ni cuántas horas llevo levantada (6AM en Tokyo a 17PM + 7h de diferencia = 19h?) pero da igual. Una ducha y a la caza deun sitio donde depilarme para la boda.

Wax in the city está localizado justo tras el MOMUK (Musemsquartier) cierran a las 20 y tienen drop-in. Se me ha olvidado apuntar la dirección y, por supuesto, todas las calles empiezan por Sch y acaban por Gasse. Interné no va y mis piernas se tambalean.

Mientras tanto, Enrique me acompaña apesadumbrado, pues preferiría estar bebiendo cervezas con el resto de sus amigos del ERASMUS que también han venido a la boda. Estoy a punto de desmayarme varias veces, pero da igual. Ya estamos en la puerta. Son las 19 y les quedan algunos huecos!

Colores brillantes, techno y sudor. Las manos hábiles de Judit transforman al oso en cisne. Cuando salgo, brilla el sol. Me muero del hambre, pero es mejor esperar a que ‘cenemos todos’. Así que volvemos al hotel, a dejar las salchichas de Enrique.

Son las 20:30 y cogemos el tranvía 1. Que se supone que va por el Ring. La conversación es genial – gracias a la novia y otro amigo – y las paradas pasan deprisa. Cuando llegamos al Prater (parque de atracciomes de Vienna) decidimos que el recorrido ha cambiado y tomamos un par de taxis.

Son casi las 22, llevo 23h levantada y puedo comerme un caballo. Supongo que es el peor momento para sentarse a la mesa de Salm Brau. Ese tradicional restaurante alemán, especializado en codillo de cerdo. Me lo como todo, me bebo todo mi vino y empieza a entrarme mucho destemple.

Enrique lleva una jarra de litro encima, está ansioso por ir a Flex. Paseamos hasta la mítica sala y en el camino, me hago amiga-guía de unos americanos que celebran su graduación con un Europe break.

Son las 2AM. Llevo 27h levantada. María me acompaña al hotel. Mañana tenemos que madrugar, porque a las 10 viene el bus a Schottentor, para llevarnos al recinto nupcial.

Consigo dormirme. A pesar del jet-lag. Enrique vuelve a las 5AM. Apesta a cerveza y humo, pero estoy tan cansada que me da igual. Duermo, hasta las 6. Cuando su móvil empieza a sonar.

Guess what? Efectivamente, la alarma del día anterior, que alguien no había atinado a apagar. No puedo dormir. Son las 14 para mi cuerpo. Me encuentro mal. Tantas horas de avión, sumadas a tantas horas en ayunas, agitadas por el codillón son el cóctel del desastre. Es hora de empezar a arreglarme, pero sólo pienso en las ganas que tengo de que todo haya terminado.

Me siento mal por ser así. Me repito que debo agradecer el maravilloso día de ceremonia, el estrenar mi vestido, mi tocado japonés y el abanico, bajo el sol vienés. Pero sólo soy una persona y como todos, tengo un límite.

En fin. Iré a darme una ducha y si acaso, un paseo. A ver si despejo estos malos humos y dejo de oler los efluvios de mi apestoso compañero de alcoba. Happy Saturday, to everyone.

Ubicación:Schreygasse,Viena,Austria

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