Akihabara (Electric Town)

Quieres manga, pachinkos, electrónica y J-POP? Sea el cosplay lo nuestro o no, el barrio es la mejor manera de remontar el jet-lag típico del primer día en Asia. Ya sabes, los vuelos hacia el Este suelen ser de noche. Te montas en el avión, pasan 12h y amanece de nuevo. Alguien te dice que es ya el día siguiente, que tu noche de descanso ha acabado. Llegas al hotel y rezas porque tu habitación esté lista, aunque sean las 9 de la mañana.

Deja la maleta y sal. Que no se te ocurra dormir, ni darte una ducha. Porque comoo te apalanques, la cagaste. Te costará muchísimo remontar el jet-lag. Mi receta, es simple pero efectiva. Sal a patear y descojónate de tu confusión mental.

Algo de café, música a todo trapo, luz natural y pateo por un sitio nuevo que explirar. Mi receta infalible para adaptarte en un día al nuevo horario. Aquí van, nuestros primeros pasos en Japan.


Estocolmo, el viaje comienza con un arlanda express.


Low Calorie Meal! La mejor manera de conseguir fruta en un avión.


Japan shock #1: Mira como pliegan los periódicos!


Japan shock #2: Cuando todos llevan paraguas NOplegables, todo parece apuntar a que NO va a parar de llover.


Yummy fish.


Comienza la locura otaku. Llegamos a Akihabara.


Big apple es un pachinko loco, donde hay ocho plantas lllenas de gente jugando. El juego es ilegal, así que como premio, te dan bolitas/tabaco que -irónicamente – un señor cajero te compra al salir. Hecha la ley…


Evangelion es jättepopulär.


Sigue lloviendo.


Entretenimiento llevado al siguiente nivel. Nosotros jugábamos al puzzle bubble y nos creíamos guays. Aquí se lleva el tamborreo, como en Calanda.


Akihabara Gachapon Kaikan. Los gachapon, son las bolitas con muñequito dentro. Cambias 10€ y echas monedas, a ver qué te toca… Mi perdición!


Algunas de las moñas que te puedes sacar, lo mejor, que siempre toca!


Caminando hacia el norte, pasamos de Akihabara a Ueno.

El pescado lo tienen fresquísimo!


Cualquiera que me conozca, sabrá lo anti fast-food que soy. Pero en este caso, haría una excepción, porque si lo cocinan delante de tu cara… No puede ser tan malo!

El señor que tenía un robot, que le hacía las galletas.

Todo el mundo, con el clásico paraguas transparente.

Nenúfares.

Lluvia a cántaros, de la que nos hartamos. Así que llegó la hora de dirigirse de vuelta al hotel, ponerse guapos y estudiar la ruta que nos conduciría a la experiencia gastronómica del viaje.

Kanda – *** Michelin.

La atmósfera era sencilla, impecable, relajante e íntima. Como el salón de una casa zen con un cocinero personal, de los que te pregunta acerca de tus apetencias y prepara algo que satisfaga tu paladar esa noche.

Bigotitos – al fondo – era mêtre, camarero, somelier y traductor.

Tanta hambre como jet-lag (eran las 21:00, hora de comer en nuestra Europa natal)

Un buen caldo, que no falte en esta noche tan especial.

Expectación…

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