Tokyo Blues

Llevo unos días desubicada. Supongo que la lluvia de hoy, combinada con el jetlag que se resiste a dejarme y el mareo de ir de acá para allá, tratando de completar todos los trámites administrativos requeridos para legalizar nuestra entrada en el país, tampoco ayuda.
El caso es que me sobreviene el típico pensamiento negativo de qué hago yo aquí y para qué me complicaría yo la vida de esta manera, con lo tranquila que estaba en Estocolmo. Aunque mirándolo objetivamente, el haberme acomodado tanto a mis rutinicas (i.e. Dónde voy a correr en este barrio, si no hay más que carreteras?) pueda ser precisamente, la razón que más justifique el cambio. No quiero decir con ello que el tener un hogar al que retornar, pertenecer y donde hacer siempre lo mismo sea un error, porque más bien pienso que es el camino más directo a la estabilidad emocional, sino que el anclarse demasiado pronto – habla la mujer casada a los 26 años 😛 – puede ser contraproducente.
Es como el bodrio aquél, en el que Julia Roberts no sabía cómo le gustaban los huevos, porque siempre los prefería como los quisiera su prometido. Pues eso, que antes de probar unas cuantas cosas diferentes, uno no puede decir “yo me quedo con esto” y quedarse sin cargo de conciencia, porque siempre nos quedará el “y si…?” en el fondo del corazón.
En fin, un día melancólico que termina con una canción melancólica frente a la estatua del melancólico perro Hachiko, el cual (irónicamente) se convirtió en un héroe canino por hacer lo mismo, cada día. Será que en japonés, monotonía es sinónimo de lealtad.
Una relación humana se reduce, en un nivel abstracto, a una simple sucesión de interacciones (llamadas, cafés, desayunos, clases) relativamente monótonas, en las que acercarse y crear vínculos de dependencia. De ahí que el romper la monotonía duela, pues conlleva el destruir relaciones – sin asegurar la creación de otras que las puedan reemplazar.
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Una respuesta a “Tokyo Blues

  1. Pese a la posibilidad de que este año no encuentres nuevas relaciones que te llenen, el hecho de que la experiencia en la que te has metido tenga fecha de caducidad, me parece la pera.Y no has ido sóla… yo creo que merece la pena por los paseos juntos que os vais a dar, la comida rara y riquísima que vais a comer, y la tranquilidad de saber que eso no es para siempre.No todo el mundo podrá decir que ha vivido en Japón.

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