Run Tokyo, run!

Nuestro jefe absoluto – que viene siendo un tío super majo, que me entrevistó hace unos cuantos meses – suele venir corriendo al trabajo. De hecho, parece ser algo bastante normal, cuando te encuentras con tanta gente corriendo con mochila mientras vas de camino al metro. Así que si él puede, yo también.
El lunes, aparecí en la oficina con mi mochila, todas las cosas de correr y algo para ducharme a la mañana siguiente. Volví a casa corriendo. 7km a un ritmo rápido que se paraba por completo en los muchos pasos de cebra que cruzan las grandes avenidas del centro de la ciudad. Fue una experiencia increíble, ver los rascacielos brillar en la oscuridad, esquivar trajeados y observar las miles de lucecitas que alumbran la gran urbe al caer el sol, en esas noches de izakaya que acogen a cualquier salaryman con ganas de marcha.
Llegar a casa empapada, ducharte y acabar el día con una copita de vino en el balcón, mientras te arreglas las uñas y hablas con mamá. En efecto, la felicidad es consecuencia de las cosas que menos vienen a costar. Así que, a la mañana siguiente, pensé en repetir la experiencia – as a fresh start.
Si correr de noche fue bueno, salir de casa a las 7:30 AM, cuando todavía hay muy poca circulación, fue bastante genial. Llegar a la oficina a las 8:15 pensando en la ducha y en enganchar con la sonrisa del que acaba de intoxicarse en serotonina. Subí al piso 12, entré en la oficina y marqué la combinación que creía haber guardado en mi locker.
Pero no se abrió.
Así que mi fresh start, se convirtió en preguntarle a nuestro HW Expert (Mr.Yoshioka-san) que me reconfortó diciendo que había una solución, aunque únicamente estuviera en manos de nuestra asistenta, que suele aparecer a las 9AM. Así que me bajé al Lawson, que es un 7/11 japonés con nombre inusitadamente americano, a desayunar. Menos mal que la tarjeta de crédito sí que funcionaba. No estuvo mal, sentarme con una ensalada de algas a ver a la gente pasar.
Llegó la hora y con ella, Ikeda-san. Esa mujer bella y frágil como una flor de loto, extremadamente amable, hasta con gente que le causa líos – como yo, que no me entero de nada. Dimos vueltas y al final, una hora después de lo esperado, estaba de vuelta en mi desk. Sonriente tras descubrir que la ducha del trabajo es la mejor que he usado en mi vida! Dios, vaya cuarto de baño digno de revista de decoración, desde luego no nos dejará en mal lugar si algún cliente tiene necesidad de refrescarse antes de empezar con un día más.
En resumen, que un pequeño cambio puede acarrear grandes consecuencias. La realidad es tal cual, está en nuestra mano luchar por percibir la cara más amable que nos pueda mostrar. Habrá costado un par de semanas, pero estoy contenta por poder afirmar que ya empiezo a sentirme en casa en esta maravillosa ciudad.
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