Nature in Kamakura – Snapshots

Debimos pasar más de media hora embobados con los sensuales movimientos de la serpiente, a lo largo del muro que rodeaba uno de los muchos templos que visitamos en Kamakura. Nunca había visto animal semejante, cuya mágica piel vencía la gravedad sin problemas y se deslizaba por el muro sin despegarse. Cómo lo hará? Me preguntaba fascinada, a la vez que algo culpable, ya que no conseguía olvidarme de los Louboutin de mi boda. Cómo puede ser tan majestuosamente sensual? Dudaba, llegando a la conclusión de que cualquier piel que se convierte en elemento del lujo pertenece a un animal con una elegancia inusitada, lo que nos lleva a asociarlo con algo divino y lo convierte en objeto de deseo.
En esto me encontraba, cuando se metió por uno de los muchos agujeros del muro, marcando el momento de continuar con la excursión.
Por el camino, encontramos una nueva paleta de colores. Mucho más viva que la que alguien empleó para dibujar el otoño en Estocolmo y más vibrante que la escogida para mi ciudad natal. Así que entre hojas rojicas – como le gustan a mamá – y bolitas lilas, terminé de concretar mi paleta mental para este otoño tan maravilloso que tengo la suerte de disfrutar. Aunque no haya llegado el container y me congele por momentos, con la misma ropa que llevaba dos meses atrás, no puedo negar que estoy feliz, bastante más que lo que venía siendo normal.
Así que sólo me queda cruzar los dedos, para que todo continúe así y pasemos una dulce Navidad. Trabajaremos mucho y nos comeremos el pavo, el sashimi o lo que toque en soledad. Ni padres, ni primitos, ni charlas de Nochebuena en lo pasamos bomba no dejándonos hablar. Habrá muchos a los que eche en falta – especialmente a mis niños, a sus padres y al abuelo, que son los únicos a los que siempre veo – pero así es la vida del expatriado.
De mamá (y mi 2a mamá) mejor no hablar, pero bueno, espero que cuiden la una de la otra hasta que sea el momento de venirnos a visitar, en el que arrastren al emotivo padre del artista local hasta el vuelo más largo en el que probablemente le toque embarcar jamás. Nadie muere en el aire, igual que a nosotros, no nos matará ésta Navidad. Mientras tanto, nos quedaremos embobados en el entorno, que es una buena manera de desconectar.
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