El país del servicio.

En Agosto, justo antes de terminar mis vacaciones y volver a Suecia, me hice con este abrigo en ZARA. Bastante más barato que en Estocolmo, me pareció una gran compra con la que abrigarme en este invierno en el que – por fin – podría vestirme como una persona, en lugar de cubrirme cual esquimal.
Nuestro container tardó demasiado en llegar, pero aún así, el 28 de Diciembre, lo pude estrenar. Ironías de la vida, antes de habérmelo puesto más de 6 veces, se ha empezado a rajar por las costuras de las mangas 😦 así que con dos rajas de 20cm en ambos lados, andaba que no sabía que hacer con él. Repararlo me iba a costar más que el propio abrigo, coser la piel yo no es la mejor opción y llevarlo roto tampoco mola demasiado, cuando la oficina de Shiodome está llenita de impecables trajeados.
Así que, a la salida del trabajo, he dado un paseo desde Shimbashi hasta la tienda de Ginza. A ver qué me decían. Porque el no, de alguna manera, ya lo tenía. Como era de esperar – en Japón, me han atendido con la mayor amabilidad del mundo. Disculpa tras disculpa, me han prometido llamarme y tratar de enviarlo a la fábrica – tras ofrecerme full refund repetidas veces – así que allí he dejado el abrigo y me he venido, corriendo alegremente en el frío 🙂
Ojalá el gusto por una atención al cliente tan impecable se extendiera por el mundo. Sería una forma de fomentar el respeto por cualquier tarea, pues todos somos piezas importantes del puzzle total que es una sociedad. Aunque a veces, haya a muchos a quienes se les olvide.
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