Mount Fuji

The guidebook says it takes 6h to come up. We made it in 4h 20′ 😀 Japanese people say that to climb it once is something for wise men to do, to repeat the strain is something only idiots do.

Dicen que tardas 6h en subir, nosotros lo conseguimos en 4h 20′ 😀 Dicen en Japón que subirlo una vez es de sabios, pero intentarlo más… De idiotas. Mi conclusión es simple: No hay mejor manera de reafirmarte en tí mismo que llevar tu cuerpo al límite, sentir que no puedes más y finalmente, conseguirlo. Supongo que lo del Monte Fuji es como tu boda, cada uno tiene su historia y lo vive a su manera: Aquí viene… Nuestra experiencia.

Aunque lo tradicional sea escalar de noche, para alcanzar la cima justo cuando va a amanecer, nosotros subimos de día por tres razones principales:
– Todos los hoteles (en las estaciones intermedias 6a, 7a, 8a) estaban completos
– Nuestros amigos subieron de noche y sufrieron de lo lindo
– El evento estaba planeado para el sábado, yo había llegado a Japón en Martes y me parecía una pasada cambiarme el ritmo horario cuando empezaba a adaptarme

Así que nos alojamos en Kawaguchiko, que es un picture perfect pueblecito de montaña, donde te deja el tren desde Tokyo, junto a un lago muy bonito. Nuestra recomendación para viajar al monte Fuji es que, si tienes pasaporte extranjero, te saques el Fuji Pass

Allí llegamos el Viernes noche, después de que Enrique saliera de trabajar. A la mañana siguiente, el objetivo estaba bien claro.

7:00 nos levantamos. Ducha en el baño compartido y caminamos hasta la estación de tren, desde la que todo el mundo coge el autobús para subir a la 5a estación (2305m de altitud) desde donde comienza la auténtica aventura.

Sobre las 9:00, llegamos allí. Mil tiendas de souvenir en las que venden el clásico “palo” con bandera y cascabeles de la suerte. Nosotros, lo habíamos comprado en el hotel, así que nos hicimos con una bandera y tuvimos la suerte de que unas chicas nos regalaran los cascabeles. Japoneses, así de majos. Es recomendable pasar una media hora por allí, para irte aclimatando a la altitud. Así, entre banderas, ir al baño y curiosear, se nos pasó el tiempo volando!

9:50 Empezamos a subir. Para los que no lo sepáis, el Monte Fuji es un volcán. Aunque tenga 3776m de altitud es muy fácil de escalar, por su forma cónica y simétrica. De ahí que unas 300.000 personas lo suban al año en la corta temporada de dos meses (Julio y Agosto) en la que es posible afrontar el reto. Es alucinante ver a familias completas, de abuela a nietos, subiendo.

La montaña recuerda a la idea que nos hacemos (al menos yo) de Marte. Rojo, pedregoso, desierto y con una magia especial, ésa que tiene lo desconocido.

La ruta Yoshida, por la que subimos, es una de las más populares, por la cantidad de WCs y refugios que hay por el camino. Se divide en dos partes, de manera que los caminos de subir y bajar son distintos (se juntan al final, pero vale). Nos quedó bastante claro que el grueso de personal sube de noche, afortunadamente. Supongo que debe ser extremadamente agobiante tener que subir “en fila india” por la cantidad de gente que hay.

El comienzo del camino atravesaba, literalmente, las nubes.


Algunos no consiguieron bajar andando, así que supongo que pillarían el caballo de emergencia en cuanto fuera posible.


Pronto superamos el nivel de las nubes y empezamos a caminar bajo el sol.


Enrique, mostrando la bandera del sol naciente.

Los tramos de gravilla se hacen bastante pesados, pero están preparados para que sean lo más cómodos posible, con unos maderos que evitan desprendimientos al retener la arenilla, formando como escalones. Hacía mucho calor.


Poco a poco… Fuimos tirando.

10:20 Alcanzamos la 6a estación (2438m), donde entendí la gracia del palo. A medida que vas subiendo, vas pasando por las “estaciones” donde pagas 2€ y te ponen con un hierro al rojo vivo un sello conmemorativo del ascenso. Al final, la gracia es gastarte una pasta, para terminar con el palo llenito de sellos. Recuerdo único para un día que no se repite.

Por fin, llegamos a los trozos de escalar roca usar todo tu cuerpo para trepar como no has hecho jamás. Es patético ver a la gente con sus palos de andar y sus botas montañeras, cuando lo más sencillo, seguro y rápido es echar la tripa contra la montaña y agarrar las piedras con firmeza, usando todo tu cuerpo para escalar, de una forma natural.

Lo de las estaciones es un poco timo porque cada estación se divide en mil casetillas a diferentes alturas, con lo que no haces más que ponerte sellos, aunque no hayas llegado a la siguiente. Pero bueno, entre esto y una barrita energética, se iba pasando la mañana.

Además de refugios, cafeterías y los únicos WC de Japón donde hay que pagar, encuentras templos y toris (la puerta roja) que le dan un toque especial, muy japonés y muy poco montañero (diría yo, que estaba escalando mi primera montaña).

Dándolo todo. La verdad es que los trozos de pared, me resultaban mucho más entretenidos y fáciles que los de caminar sobre gravilla.


Como en el día a día, alcanzar un objetivo no significa nada más que otro nuevo apareciendo en tu horizonte.

Gente sufriendo con los bastones…

12:10 Por fin, la 8a estación! 3374m de altitud, muy cerca ya de la cumbre 😀

Aquí hicimos parada, de repostar, comer algo más, poner unos sellos y echar unas fotos. Para que me veas en casa, mamá. Por encima de las nubes.

Ni el objetivo experto es digno de la magia que respiras al caminar sobre suelo rojo, como levitando entre las nubes. Alguien veía DragonBall? Exactamente igual que el mundo aquel que flotaba por los cielos.

Dejamos la 8a estación. Comenzamos el tramo final.

Supongo que en este punto, no había dolor, ni frío, ni cansancio. Sólo excitación por llegar.

Empezamos a ver restos de nieve por las laderas rojizas…

…así como locales exhaustos, que no podían ni caminar.

Tramo entre la 8a y la 9a estación.

Desde el que se podía ver un glaciar!

13:55 La 9a estación (3576m) no es más que un rellano en el que echar un trago de agua, justo antes de afrontar el tedioso último esfuerzo. Ojo, que no lo digo porque sea difícil de subir, sino complejo de sobrellevar con los 50 caracoles arrastrándose con los bastones, las chirucas y todo el ajuar, delante tuyo, sin dejarte pasar.


Paquete de gente, justo antes de llegar. Si esto se me hizo pesado, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser subir de noche, cuando la mayoría de la gente lo hace, para pasarte todo el camino así.


Moneditas de la suerte en el Tori que marca la llegada.

Mogollón de gente en el tramo final.

14:15 3776m Top of Mount Fuji!!!

4h 20min!!

Un tiempo genial, constatando que subimos a nuestra marcha, sin tratar de batir ningún tiempo pero sin permitirnos parar demasiado, pues luego cuesta mucho más arrancar. Lo mejor de superar un reto así, es hacerlo juntos.


Café olé.

Templo en la cima.

Cerveza de la victoria.

Al parar, empecé a encontrarme fatal. Ni café, ni comida, ni camiseta, ni descanso. No sabía que me pasaba, pero sentía malestar general. Empecé a asustarme, a pensar que me pasaría como a los gatos… Que trepan, trepan, pero luego no saben cómo bajar.

Así que en lugar de centrarme en mí misma, me paré a admirar esas vistas, que probablemente no vuelva a ver jamás. Mientras tanto, Enrique, seguía poniendo sellos en su palo y sopesando la posibilidad de hacerse con otro, marcado con este sello especial.

Desde la cima, es posible ver el interior del cráter. Una vista tan aterradoramente impresionante en la que eres consciente de la grandeza de la naturaleza, de su poder y de lo rápido que forma o destruye, según le da. El volcán permanece inactivo desde 1707, pero nadie sabe cuándo podría volver a entrar en erupción.

Girar la cabeza y encontrarte con estos niños que no llegarían a los 12 años, completamente exhaustos, durmiendo en un intento de recuperar alguna energía con la que bajar.

Fotón de la victoria!

Resting over the clouds.

Qué se ve desde el monte? Una masa de nubes que te rodea, como si estuvieras en una colina de rubíes sobre un mar de algodón. Increíblemente única, algo que no habría esperado y que a la vez, no olvidaré jamás.

En medio de la pájara, terminé por ponerme toda la ropa que llevaba encima y más. El camino de bajada, es un infierno polvoriento que merece la pena bajar trotando… Aunque sólo sea por acortar.

Dejas la cima atrás, pero las vistas increíbles… No te dejan de acompañar.

Para bajar tuve bastantes más problemas que para subir. Por un lado estaba cansada, por el otro tenía pánico de resbalar y herirme, para terminar aparecían antipáticos entes como este bulldozer. Al final, terminé por preguntarme “De qué tienes tanto miedo? Deja de preocuparte y tira adelante, joder, sin pensar” con lo que empecé a trotar colina abajo.

Probablemente, la opción más rápida y segura para bajar por ese camino de gravilla, perfectamente acondicionado.

… sobran las palabras.

18:15 De vuelta en la 5a estación, tras 9 maravillosas horas, que no olvidaremos nunca.


Hora de esperar al bus y contemplar la magia del atardecer.

I know, I know.


Totalmente exhausta, sólo pensaba en coger el bus y cenar.

Aunque a veces parezca un sueño que dejamos atrás, ahí queda el palo, como reminder de este día para la posteridad.

La subida al Fuji es una metáfora perfecta de la vida. Se pasa deprisa si la afrontas con alegría, se hace eterna si tienes miedo de fallar. Resulta más agradable junto a ese alguien que quieres de verdad, pero a la definitiva estás solo. Tienes un cuerpo, una mente con la que luchar. Por mucho que te traten de ayudar, sólo está en tu mano el mover las piernas, vencer esos miedos y limpiarte el polvo de la cara para seguir adelante. Es mejor no parar. Es cierto que te cruzas con mucha gente, hay a quien siempre recordarás, pero otros muchos que pasan al olvido, sin más.

Habiendo corrido mis medias maratón he de reconocer que esto es algo muy por encima, tanto a nivel físico como mental. El verte sobre las nubes, pisando esa tierra rojiza te lleva… Al más allá. Si tienes oportunidad, inténtalo. No te arrepentirás.

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